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El sufrimiento es una característica universal e inevitable de la vida humana (en realidad, de la vida, en general) y que nos une todos los seres vivos y a todos los seres humanos. Todos sufrimos. Por tanto, cuando llega un momento de sufrimiento, es bueno pensar que no estamos solos, que no somos raros y especialmente torpes o perversos. No somos patitos feos por el hecho de que nos toque sufrir en esos momentos. Ahora mismo, se podrían contar por millones las personas que están pasando por padecimientos iguales o parecidos a los nuestros. Y, por supuesto, será multitud lo que están pasando por sufrimientos mucho peores que los nuestros.

En Sudáfrica existe el concepto de Ubuntu, que es muy parecido al de humanidad compartida. En palabras del arzobispo Desmond Tutu (2008): “Ubuntu es la esencia de ser humano. Ubuntu habla del hecho de que uno no puede existir como ser humano en aislamiento. Se trata de nuestra conexión. No puedes ser humano en aislamiento, y cuando tienes esta cualidad, Ubuntu, se te reconoce por tu generosidad. Pensamos demasiado a menudo en nosotros mismos como individuos, separados unos de otros, cuando en realidad estamos conectados y lo que tú haces afecta a todo el mundo. Cuando haces el bien, se extiende; es para toda la humanidad.”

Al hacernos plenamente conscientes del hecho de la humanidad compartida, cambia de forma drástica la experiencia del sufrimiento. Sufrir nos une a los demás, en lugar de separarnos de ellos. Sufrir no es vergonzoso ni extraño, ni indica que seamos inadecuados. Es, sencillamente, humano.

Pero muchas veces, nuestra forma de reaccionar ante el sufrimiento es aislándonos de los demás. Tenemos vergüenza o pensamos que nos van a rechazar, porque nos sentimos imperfectos o inapropiados. Al aislarnos, solo empeoramos las cosas todavía más. Nos sentimos aún más diferentes y separados. Se crea así un círculo vicioso que nos prolonga el sufrimiento.

Pero no solo nos aislamos de los demás. También solemos desconectarnos de nuestros propios sentimientos. La razón es que nos hacen sufrir y por eso, muchas veces, los evitamos o tratamos de enmascararlos, entregándonos a conductas adictivas para olvidar nuestro dolor.

Y el aislamiento de los demás o la desconexión de nosotros mismos son conductas perjudiciales que no nos ayudan, sino que empeora nuestra situación. Frente a ellas, conviene que cultivamos la humanidad compartida, que nos hará sentirnos conectados con los demás seres humanos.

Extracto del curso online. “Mindfulness (Atención-Consciencia Plena) para profesionales del ámbito de la Ayuda”. +info AQUÍ