• El Centro Cares, empresa del Parque Científico de la UMH, enseña a víctimas del ‘bullying’ y a sus familias a resolver situaciones difíciles a través de la inteligencia emocional.
  • La tendencia de los casos se ha adelantado de los 12 años a niños de 10.

Un centro ilicitano pretende enseñar a los niños víctimas de bullying y a sus familias a potenciar sus recursos y habilidades emocionales para que aprendan a gestionar y resolver situaciones difíciles y fortalecer su personalidad, pero también apuesta por ofrecer una alternativa a las expulsiones disciplinarias en el caso de los agresores, todo a través de la inteligencia emocional.

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“Nuestra vocación es ayudar a los niños que lo pasan mal“. Esta es una de las premisas de Cordelia Estévez y Aida Carrillo, dos psicólogas e investigadoras del Centro Crímina de la Universidad Miguel Hernández (UMH) de Elche, que a partir de los resultados de años de investigación en inteligencia emocional y el papel que juega en el desarrollo de los niños, han apostado por la puesta en marcha del Centro Cares para la proyección y bienestar de la familia, la infancia y la adolescencia, una empresa especializada en la detección, prevención e intervención del acoso escolar.

“El acoso escolar es algo que nos preocupa a nivel personal y profesional. Habíamos observado que pese a existir una demanda clara, no había recursos específicos para abordarlo con agresores y víctimas, familias y centros escolares“, afirman, y por eso decidieron dar el salto de la investigación a la práctica y dar forma a la empresa, gracias a la ayuda del Parque Científico de la UMH y su programa de emprendimiento.

Desde el Centro Cares apuestan por ofrecer atención psicológica especializada a menores víctimas de acoso escolar como base de su recuperación emocional y con ello, dotarles de estrategias que reduzcan su vulnerabilidad, pero también atienden a grupos reducidos de víctimas, ya que, en palabras de Estévez, una de las consecuencias del acoso es el aislamiento social, por lo que “entrenamos y mejoramos las habilidades sociales y las competencias emocionales”.

Para ello han apostado por la inteligencia emocional, “las habilidades que nos hacen ser más completos y adaptarnos mejor a nuestras relaciones sociales”. Y es que según Estévez, la educación en general “obvia” la educación emocional. “Estamos muy centrados en la familia y los colegios en competencias cognitivas, mientras que las emocionales las tenemos un poco de segundo plato”, pero tienen claro que en casos de violencia, problemas de relaciones o acoso escolar hay de base una inteligencia emocional “poco o mal desarrollada”.

Es por eso que ambas apuestan por trabajarla a edades muy tempranas.“Apostamos por la prevención a partir de los ocho años, una edad en la que los niños están aprendiendo muchos recursos emocionales y el colegio es un campo de aprendizaje y socialización brutal”. En el caso de Secundaria, aseguran que “ya se trata de un problema real en el que no hay prevención, sino que es necesario intervenir”.

Y es que destacan que si hace unos años los casos de acoso escolar se daban en niños de 12 años, esta tendencia ha cambiado y ahora se ha adelantado a los 10 los picos de conductas de acoso, e incluso con ocho ya existe este fenómeno. “A los ocho años no existe el concepto de relaciones sociales pero sí se puede dar una actitud de control e intimidación que se va instaurando en el colegio. Se trata de una línea clara de acoso en un niño de 12 o 13 años pero en edades súper tempranas y si no se toman medidas puede generar una conducta muy problemática”, asegura Estévez. “La importancia de intervenir pronto va de la mano de prevenir que estas conductas se perpetúen, pero también es importante la intervención, ya que quizás en otras edades ese trabajo sería más complicado“, añade Carillo.

El trabajo de Centro Cares se centra además en los menores que ejercen el acoso, para modificar sus hábitos de relación y desarrollar una conducta prosocial. “El agresor también debe ir a la terapia, lo que ocurre que el que sufre es la víctima y los padres son más sensibles a atender al niño que lo pasa mal y no al otro”, reconoce Estévez.

Por eso uno de los objetivos es la puesta en marcha de un Centro de día psicoeducativo para agresores, en el que ofrecer una alternativa a las expulsiones disciplinarias en un entorno supervisado y educativo al que podrá acudir el menor en el periodo de expulsión y donde entrenarles en asertividad, control de impulsos e inteligencia emocional. “A veces se intenta solucionar con expulsiones disciplinarias y con ello calmar la situación, que es lo que siempre se ha hecho,pero el agresor, si no trabajas con él, repite el modelo. Debe haber un trabajo psicoeducativo de fondo. Hay que intervenir y no sólo sancionar o cambiarlo de colegio”.

Pero también apuestan por la formación del profesorado en la detección e intervención en casos de acoso escolar “para mantener un buen clima en el aula y prevenir esta problemática” y de las familias, “para que sean capaces de detectar desde el contexto familiar si su hijo está siendo víctima de acoso, actuar de forma correcta ante este fenómeno y prevenirlo educando en inteligencia emocional”.

Una de las causas de la evolución del acoso escolar, según Estévez, es la influencia de las nuevas tecnologías. “Las redes sociales triplican el impacto de este problema“. “Antes, los niños se iban a casa cuando acababa el colegio y se olvidaban de todo, pero ahora con 10 años tienen móvil y whatsapp, donde se relacionan con más gente y el menor puede sentirse rechazado ante un grupo mayor y sin que nadie le defienda”. “Siempre ha existido acoso pero la diferencia, ahora, son las nuevas tecnologías”. Además, destaca un cambio en las relaciones sociales que fomenta “relaciones más agresivas y violentas, frente a otro tipo de comunicación en valores que hace años protegían todo esto”.

Estévez tiene claro que en la actualidad se le da a un niño un móvil con apenas 10 años, pero al mismo tiempo “no se le enseña a utilizarlo ni a protegerse emocionalmente“. Al mismo tiempo, deja claro que están más expuestos y a edades muy tempranas “a contenidos violentos y a situaciones que para ellos son realidades, pero a la vez no hemos reforzado el bagaje emocional con el que protegerles de todo esto”.

Incluso, apunta Carrillo, muchos menores tienen mayores competencias digitales que los padres y con ello un mayor acceso a estos contenidos. Por ello, tienen claro que el acoso es “una más de las evidencias que tenemos que dotar a los menores de más recursos emocionales para que estén más preparados para todo lo que venga”.

También hace referencia a la importancia de la supervisión paterna de los menores de cara a la prevención del acoso escolar, tanto en la presencia como en la comunicación. “Ahora los momentos en los que padres e hijos están en juntos se les pone un móvil delante y no se produce esa comunicación, algo que también reduce el acceso de los padres a saber lo que tienen que enseñar a nivel emocional”.

Aun así, según Carrillo, una de las dificultades en el tratamiento del acoso escolar es que no se pueden conocer todos los casos que existen, por la llamada ley del silencio, y muchas víctimas no comunican esta situación. “A veces sólo vemos la punta del iceberg”, reconoce, aunque la incidencia del acoso escolar se encuentra entre el 10-24% según las investigaciones actuales.

Centro Cares se constituyó como empresa del Parque Científico de la UMH hace apenas unas semanas, ahora se encuentran en la fase de contacto con los centros educativos, centros de salud, unidades de salud mental infantil y administraciones, con las que se busca que haya un convenio “que permita actuar de forma más extensa y que se convirtiera en un centro que se tuviera en cuenta para prestar apoyo y coordinar las acciones”. “Ojalá en unos años haya generaciones con buenos recursos emocionales“, han añadido.

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