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Un proyecto con canes entrenados ayuda a mujeres víctimas de violencia de género a recuperar la autoestima y a sentirse protegidas

María, ayer, con sus dos canes, en el centro de adiestramiento de la asociación Proyecto Ecan. / ROS CAVAL / AGM

Cuando María –nombre ficticio– notó una rodilla clavarse en su espalda y las dos manos de su pareja agarrarle por detrás y tirar con todas sus ganas hacia sí, sintió que algo más que una costilla y el esternón se había roto en su relación. De la última agresión física que sufrió por parte de su exmarido han pasado ya dos años. Ese día tuvo la fuerza que le había faltado en ocasiones anteriores. Llamó al teléfono 016 de atención a las víctimas de violencia de género y entró en el programa de protección contra los malos tratos. Aquel día fue el último que lo vio, pero no el que puso punto y final a su temor.

Tiempo después de la última agresión, él apareció aporreando la puerta de la casa, que ya había abandonado, gritando como un loco. Ella estaba con sus hijos dentro de la vivienda, aterrorizados. Era el mismo temor que sentía ‘Nana’, una enorme San Bernardo de más de cien kilos de peso. La perra respondía descontrolada a las voces del hombre, con profundos y constantes ladridos. La imponente presencia del can logró intimidar al maltratador, y ese tiempo lo aprovechó María para avisar a la Policía. Él se marchó.

«La primera vez que le pedí el divorcio se puso a llorar; la segunda, vino hacia mí con una plancha en una mano, y la tercera me agarró de una mano y me retorció el brazo»

‘Nana’ quedó marcada por ese episodio y ningún hombre puede acercarse a María si ella no lo aprueba. El animal forma parte del proyecto Escan de ayuda con perros a mujeres y menores víctimas de violencia de género.

El programa, cuyo convenio de colaboración fue renovado ayer por la Consejería de Mujer, Igualdad, LGTBI, Familias y Política Social, persigue la rehabilitación de las mujeres maltratadas a través de terapias de apoyo anímico y psicológico. Más de una veintena de mujeres ya se han inscrito en el plan, que consta de un adiestramiento básico del animal por parte de la usuaria, y ejercicios específicos de protección. «La terapia con los perros vuelve a recomponer a la persona, porque vienen destruidas. A raíz de empezar a trabajar en la obediencia básica y manejo de los canes, ellas empiezan a recobrar la fuerza y la seguridad en sí mismas, porque se sienten protegidas y queridas», explica José Manuel Rodríguez, encargado del adiestramiento y tutela del Proyecto Escan, cuyas instalaciones están ubicadas en la pedanía murciana de Sucina.

María, ayer, con sus dos canes, en el centro de adiestramiento de la asociación Proyecto Ecan.

María accedió a este proyecto a través de uno de los centros atención a víctimas de violencia de género (CAVI). Ahora, además de ‘Nana’, la mujer adoptó a ‘Jini’, una perra mestiza. Los dos animales han propiciado que su vida y las de sus hijos empiecen a recomponerse. «Gracias a ellas podemos salir de casa».

El programa persigue la rehabilitación de las maltratadas a través de terapias de apoyo anímico y psicológico

Con la ayuda de los canes y la atención jurídica, social y psicológica que le proporciona el equipo de los CAVI, María va enterrando poco a poco los escombros de los últimos dieciocho años de su vida de los que intentó escapar en tres ocasiones. «La primera vez que le pedí el divorcio, se puso a llorar; la segunda vino hacia mí con una plancha en una mano y me amenazó con golpearme con ella, y la tercera me agarró de una mano y me retorció el brazo». En ese tiempo vivió entre cuatro paredes, con prohibiciones para no salir de casa: «Él era feliz si estaba encerrada». Además, soportó insultos y amenazas constantes: «Si me iba a trabajar, me decía que era una puta, que solo quería irme para zorrear». También sufrió una desconfianza enfermiza que estaba enmascarada de cariño. «Me decía que me quería mucho y como no quería perderme, tenía celos de todos. Para él, celos y amor iban unidos».

Pero María comienza ahora a recuperar la autoestima y a desarrollar capacidades para afrontar peligros tras años «machacada» y justificando comportamientos violentos. «Cuando me separé de él, no dormía pensando en qué hacer si venía a casa. Pero desde que tengo a mis dos perras, si ellas duermen, yo esa noche duermo tranquila».

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