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En la tercera y cuarta planta del Hospital Gregorio Marañón de Madrid hay dos salas en la que las horas pasan volando. Los martes a las cinco de la tarde, seres peludos de cuatro patas, bautizados como «perros azules», hacen compañía a niños y adolescentes con cáncer ingresados en el centro y es entonces cuando «se olvidan de todo, desconectan… Es una hora que corre como si fuesen cinco minutos», explica a ABC Lorena Díez, directora de hospitales de la Fundación Aladina.

Durante una hora a la semana, los pequeños disfrutan de una terapia con perros siempre que su estado de salud se lo permita. La iniciativa se puso en marcha en 2017 en el hospital madrileño y nació de la cooperación de la Asociación Perros Azules, y la Fundación Aladina para ayudar a los pacientes ingresados, que este sábado celebran el Día Internacional del Cáncer Infantil.

«Los perros tienen la capacidad de crear ese vínculo de unión con el paciente sin decir nada, sin palabras, y terapéuticamente es maravilloso», señala Díez. Marina García, pediatra en la sección Hematología y Oncología infantil en el hospital, asegura que «la actitud positiva ayuda a que el niño encare bien el ingreso» y «facilita el trabajo de los facultativos».

Además, la terapia es una manera de conectar a los niños con el mundo exterior. «La mayoría tiene periodos de hospitalización muy largos, estamos trabajando con niños que llevan dos o tres meses sin salir a la calle y que de repente puedan tener contacto con un perro, es una manera de volver a retomar ese vínculo con el exterior», señala Luz Jaramillo, coordinadora de programas de Perros Azules. Durante las sesiones, los más pequeños aprenden a cuidar y respetar a los animales, los peinan, les dan de comer y, a los adolescentes, se les permite incluso pasearlos en los pasillos del hospital y enseñarles trucos.

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