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La dependencia se refiere a la necesidad de ayuda o asistencia para realizar actividades diarias. Esto puede abarcar desde tareas básicas como vestirse hasta actividades más complejas como la gestión de medicamentos. Pero ¿alguna vez te has preguntado cómo se determina el grado de dependencia de una persona? En este artículo, nos adentraremos en una de las funciones habituales de los/as profesionales del Trabajo Social, profundizando en la valoración del grado de dependencia según el baremo.

¿Qué es la Dependencia?

Antes de sumergirnos en los grados de dependencia, es esencial entender el concepto en su totalidad. La dependencia no es simplemente una palabra; es un estado en el que una persona requiere asistencia para llevar a cabo actividades cotidianas debido a debido a limitaciones físicas, mentales y/o emocionales. ¿Qué es lo que hace que alguien dependa de otros? ¿Cuáles son las dimensiones de esta interconexión? La dependencia puede afectar a personas de todas las edades y puede surgir por diversas razones, desde enfermedades crónicas hasta discapacidades.

Tipos de dependencia

La dependencia no es un concepto monolítico; de hecho, se manifiesta de diversas formas. Se trata de un concepto que abarca una amplia gama de situaciones y desafíos, manifestándose en diversos tipos que influyen en la vida cotidiana de las personas. Comprender estos tipos es esencial para abordar adecuadamente las necesidades individuales y proporcionar el apoyo necesario. A continuación, exploramos algunos de los tipos más comunes de dependencia:

Dependencia Física.

La dependencia física se refiere a la necesidad de asistencia debido a limitaciones en la movilidad o en la ejecución de tareas físicas. Esto puede incluir dificultades para caminar, levantar objetos o realizar actividades que requieren fuerza física. Las condiciones médicas, como lesiones traumáticas o enfermedades neuromusculares, a menudo contribuyen a la dependencia física.

Dependencia Mental.

La dependencia mental surge de desafíos cognitivos o de salud mental que afectan la capacidad de una persona para llevar a cabo actividades diarias de manera independiente. Este tipo de dependencia puede manifestarse en problemas de memoria, dificultades de concentración o trastornos mentales que requieren apoyo adicional. Es fundamental abordar tanto la salud física como mental al evaluar la dependencia.

Dependencia Combinada.

Algunas personas experimentan limitaciones tanto físicas como mentales, lo que resulta en una dependencia combinada. Este escenario requiere una evaluación cuidadosa y personalizada, ya que las necesidades y desafíos pueden variar considerablemente. La atención integral y la coordinación entre profesionales de la salud física y mental son esenciales para abordar eficazmente la dependencia combinada.

Dependencia Temporal vs. Dependencia Permanente.

Es crucial distinguir entre la dependencia temporal y la permanente. La dependencia temporal puede surgir después de una lesión o enfermedad aguda y puede disminuir con el tiempo a medida que la persona se recupera. En contraste, la dependencia permanente implica limitaciones a largo plazo y, en algunos casos, puede requerir ajustes significativos en el estilo de vida y el entorno.

Dependencia Relacional.

La dependencia relacional se centra en la necesidad de apoyo y cuidado proveniente de relaciones cercanas, como familiares, amigos o cuidadores. Esta forma de dependencia destaca la importancia de las conexiones sociales y el impacto positivo que las relaciones significativas pueden tener en la calidad de vida de una persona dependiente.

Es esencial comprender los diferentes tipos para evaluar correctamente el grado de dependencia.

¿Qué son los Grados de Dependencia?

Los grados de dependencia son niveles que indican el nivel de asistencia que una persona necesita para llevar a cabo actividades del día a día. Estos grados son evaluados cuidadosamente para proporcionar un panorama completo de las necesidades del individuo.

Grados de dependencia

En su artículo 26, la Ley 39/2006, de 14 de diciembre, de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las personas en situación de dependencia establece tres grados de dependencia distintos y una serie de criterios de evaluación:

  • Dependencia Leve (Grado I). Este grado se reconoce cuando la persona tiene limitaciones de carácter moderado en la ejecución de actividades diarias. De esta forma, puede requerir ayuda ocasional (al menos una vez al día) o apoyo intermitente para su autonomía personal, aunque mantiene una autonomía significativa en la mayoría de las actividades cotidianas.
  • Dependencia Moderada (Grado II). En este grado, las limitaciones son más pronunciadas, y la persona necesita asistencia regular para llevar a cabo actividades diarias esenciales (dos o tres veces al día), pero no quiere el apoyo de un/a cuidador/a de forma permanente.
  • Dependencia Severa (Grado III). En este nivel, las limitaciones son significativas, y la persona depende en gran medida de la asistencia para la mayoría de las actividades diarias. La supervisión constante y el apoyo son esenciales para garantizar la seguridad y el bienestar. Se reconoce este grado cuando se produce una pérdida total de autonomía a nivel físico, mental, sensorial e intelectual; el apoyo que se necesita es indispensable y continuo.

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¿Cómo se valora el Grado de Dependencia? Baremo

La valoración del grado de dependencia es un proceso clave que sigue un baremo detallado. El Baremo de Valoración de la Situación de Dependencia (BVD) evalúa con criterios objetivos su grado de autonomía. Dicha evaluación tiene lugar en el domicilio de la persona afectada para comprobar in situ cómo se desenvuelve llevando a cabo las tareas cotidianas y el grado de apoyo que necesita. En esta evaluación, se le otorga una puntuación del 0 al 100.

  1. Evaluación Inicial.

Se realiza una evaluación inicial para comprender la situación médica, funcional y social del individuo. Se recopila información detallada sobre la capacidad para realizar actividades diarias y la necesidad de asistencia.

  1. Actividades de la Vida Diaria (AVD).

Se evalúa la capacidad del individuo para llevar a cabo actividades esenciales como levantarse y acostarse, vestirse y desvestirse, asearse, alimentarse y movilizarse, control de las necesidades y uso autónomo del baño…

  1. Movilidad.

Se considera la movilidad del individuo, incluyendo la capacidad para caminar, trasladarse y realizar actividades fuera del hogar.

  1. Salud Mental.

En el caso de la dependencia mental, se evalúa el estado psicológico y emocional del individuo.

  1. Apoyo Familiar y Social.

Se tiene en cuenta el apoyo disponible a través de la red familiar y social, ya que esto puede influir en la capacidad de la persona para vivir de manera independiente.

  1. Puntuación y Clasificación.

Cada área evaluada puede asignarse con una puntuación según la severidad de la limitación. Estas puntuaciones se suman para obtener una puntuación total que clasifica la dependencia en diferentes niveles (leve, moderada, severa, etc.).

  • De 0 a 24 puntos. La persona solicitante no tiene ningún grado de dependencia.
  • De 25 a 49. Se considera que la persona tiene un grado moderado de dependencia y se reconoce el grado I.
  • De 50 a 74. Se concluye que tiene una dependencia severa y el grado reconocido es el grado II.
  • De 75 a 100. La persona padece una gran dependencia y le corresponde el grado III.
  1. Asignación de Recursos.

La clasificación de dependencia se utiliza para asignar recursos y servicios adecuados. Cuanto mayor sea la dependencia, mayor puede ser la asignación de recursos para garantizar el cuidado necesario.

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